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viernes, 29 de abril de 2011

Ente de ficción

Fragmento de la película La rosa púrpura del Cairo (1985)

Fragmento de la película El último gran héroe (1993)
Don Miguel de Unamuno –no podría comenzar con otro hombre– dio pie a que me preocupara en cuestionarme si existo realmente. Si mi vida, carente de sentido en todos sus minutos, pudiera ser el resultado de la labor de un autor con el alma inquieta, uno que no parara de tamborilear sobre el teclado de su máquina de escribir, día y noche, creando mis infortunios, mis sinsabores. Toda la idea me vino al leer su obra Niebla (1914). Me puse a ello y le eché paciencia, hasta que una mañana descubrí la verdad, cuando por, vaya usted a saber qué casualidad, me levanté con diez años menos de edad, ¡diez años perdidos de mi vida! Por los dioses, que si supiera dónde vive mi autor le haría una visita, para aconsejarle que me venda a otro mejor, que ceda mi idea como ente a otro creador más alegre y optimista que me lleve a vivir una vida de sonrisas y placer. Pues no, no he tenido esa suerte. Aquí estoy trasladando sus simplezas a la red.
Los entes de las películas pueden ser abucheados si se dan una vuelta por la vida real. Le ocurrió a John Wayne cuando fue a saludar a un grupo de veteranos de la Guerra de Corea. Ellos estaban malheridos o habían sufrido amputaciones por imitar al ente de Wayne, al valiente soldado que no teme a las balas.
Los entes del cine, del teatro o la literatura, son traspasables, reparen en don Quijote, cuántos padres ha tenido en las artes escénicas...
Miren que hay entes sin saber que lo son, ¿no ven a 007?, que cambia de cara sin que a nadie le preocupe, ni siquiera a él.
Hay entes que, por fuerza de quererlo, se salen de la pantalla y tienen affaires con algunas de sus enamoradas seguidoras; recuerdo a Jeff Daniels, en la Rosa Púrpura del Cairo (1985), que proponiéndoselo consiguió abrazar a una embelesada Mia Farrow de otra dimensión.
Hay entes terroríficos, como el de El ente (1981), que gustan de aparecer trayéndose con ellos una banda sonora machacona y desquiciante. Por Zeus, que son molestos.
Los mejores entes para mí suelen ser los femeninos, que saltan de los libros y las películas, incluso de los teatros, a las cabezas de los hombres solitarios, o desatendidos sentimentalmente, como el que tenía Kim Basinger, que podía tener contigo una Cita a ciegas (1986) lo mismo que pasarse 9 semanas y media (1986) realizando tus fantasías, sí, hasta un dibujo animado fue una vez, Cool World (1992).
Aunque los entes no siempre son iguales, van cambiando con el tiempo, visualicen al Cary Grant de los años 30, no es el mismo ente que en los 50, se volvió muy sofisticado, se reinventó.
Pero si hasta el gobernador de California ha tenido un ente, que llegó a salir de la pantalla por duplicado, El último gran héroe (1993), que creía que todos los números de teléfono empezaban por 555.
Es curioso, pero existe una marca de productos que es un ente: ACME, ¿han comprado alguna vez un producto de ACME? El correcaminos sí.
Uno que sabía de entes era Hermann Hesse, el escritor; unos cuantos entes guardaba El lobo estepario (1927) en sus bolsillos.
Ay, los entes, mis compañeros, mañana saldré a pasear con uno. Me pregunto qué tonterías me hará pasar mi creador.

Ente de Coco, del programa de televisión Barrio Sésamo

 Ente del actor John Wayne promocionando el patriotismo

Ente de un don Quijote que no pudo ser

 Ente de la actriz Kim Bassinger en los años 80

Ente de muchas mujeres, el actor y gran amante Warren Beatty

 Ente de la mona Chita, que en realidad era un chimpancé, y macho, además

 Fotografía de un creador de entes, Herman Hesse

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La ciencia ficción en el Cine

Extracto de la película Saturno 3 (1980)

Los jóvenes de los años 50 disfrutaban de sesiones dobles de cine con películas como: El hombre del planeta X (1951), El monstruo de tiempos remotos (1953), La humanidad en peligro (1954)..., películas que venían en lotes en los que de doce sólo una reunía ciertos méritos. Luego estaban los clásicos de mayor calado que, por sí solos, creaban largas colas en las taquillas: Ultimátum a la Tierra (1951), La guerra de los mundos (1953), Planeta prohibido (1956), El increíble hombre menguante (1957)... Pero yo por entonces no podía ir al cine, no había nacido. De ahí que mis recuerdos de niñez estén más llenos de las películas de las décadas de los 70 y 80, que sólo realizaban pequeños guiños a sus predecesoras, pues sus creadores creyeron mejor el renovarse y renacer a través de guionistas prestigiosos o de novelistas adoptados por el cine, como es el caso de este Saturn 3 (1980), cuyo guión escribiera Martin Amis, autor de la reconocida novela El libro de Raquel (1973), o atreverse a inventar todo un mundo nuevo de efectos especiales, como hizo George Lucas para realizar La Guerra de las galaxias (1977), absorbiendo con ella las aventuras de las tiras de Flash Gordon y las novelas futuristas de Buck Rogers, juntándolas con el cine oriental de samuráis, además de añadirles algo del western clásico, como en aquella conocida escena del altercado en la cantina. Pero recordemos algunas de las mejores cintas de esa época: Encuentros en la tercera fase (1977), una gran superproducción que abandonó la serie B para convertirse en algo más serio; Alien, el octavo pasajero (1979), un trabajo que unió una gran calidad técnica con una maestría para crear cine artístico, de imágenes plásticas, transmisoras de sensaciones: claustrofobia, angustia, miedo al espacio exterior y a las criaturas que pudieran nacer en aquellos planetas tan alejados..., aunque sí he de decir que la película usó un viejo truco de los 50, el de acercar la ciencia ficción al genero del terror; Blade Runner (1982), basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrito en 1968 por Phillip K. Dick; Tron (1982), precursora de un subgénero cinematográfico: el de la realidad virtual...

Cuando pensamos en el cine de ciencia ficción es inevitable traer a la memoria a Isaac Asimov, que fue un pródigo novelista a la vez que un incansable divulgador científico, y esto ocurre porque sus relatos son muy cinematográficos, su narrativa produce la sensación de estar viendo una película. Él inventó las tres leyes de la robótica, no lo olvidemos. No dudo que muchas de sus obras se conviertan en el futuro en grandes producciones cinematográficas, es más, lo deseo. Aunque ya esto se ha producido con mayor y menor suerte: Yo, robot (1950) se convirtió en película en 2004, El hombre bicentenario (1976), en 1999.

No cabe duda que los guionistas del cine, antes de serlo, fueron ávidos lectores de libros. Y los de ciencia ficción, puedo decirlo casi con certeza, hubieron leído a autores como Arthur C. Clarke, que en 1968 escribió 2001: Una odisea espacial, o al genial H.G. Welles, poseedor de una imaginación portentosa, sus novelas son puro entretenimiento: La máquina del tiempo (1895), El hombre invisible (1897), La guerra de los mundos (1898), todas ellas posteriormente llevadas al cine.

Los personajes de la ciencia ficción tienen los mismos problemas que cualquiera de los mortales, sólo que a veces les surgen nuevos, productos de la fantasía en que se ven sumergidos, como le ocurre al joven Martin McFLy en Regreso al futuro (1985), que puede quedarse sin vida si no consigue que sus padres inicien un noviazgo que él ha impedido por casualidad en su viaje en el tiempo al pasado; pero la solución es mundana, de este mundo, sólo tiene que hacer que se enamoren. También puede ocurrir que la ficción científica sólo sea un fondo que poco tiene que ver con el nudo de la trama, como es el caso de Atmósfera 0 (1981), que pudiera haber sido un western que transcurriera en una mina de California, en lugar de en una mina explotada en un satélite de Júpiter; parece así un futurista Sólo ante el peligro (1952).

Solamente me resta decir que no olvido las décadas de los 60 y posteriores a los 90 en cuestión de ciencia ficción cinematográfica, pues largometrajes como 2001: una odisea espacial (1968), El planeta de los simios (1968), Gattaca (1997), The Matrix (1999), son por sí solos dignos de mención y estudio aparte. Igualmente es interesante el mundo de los robots en el cine, que, desde la manipuladora María de Metrópolis (1927), ha tenido muchos rostros: Gort, de Ultimátum a la Tierra (1951);  R2-D2 y C-3PO, de La guerra de las galaxias (1977); los cylons, de Galáctica, estrella de combate (1978 y 2004); Data, de Star Trek: la próxima generación (1994); Gigolo Joe, de A.I. Inteligencia Artificial (2001), el sensible Wall-e, de Wall-e (2008)…

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Cartel promocional de la película Saturno 3 (1980)
 
Saturno 3 (1980) es considerada una película menor, dirigida por Stanley Donen, creador de clásicos como Cantando bajo la lluvia (1952) o Lío en Río (1984). Sin embargo, tiene el extraordinario mérito de haber impactado a millones de niños de principios de los ochenta, que temblaban de miedo ante Héctor, el robot que se enamoraba de una humana; por cierto ¡vaya nombre el de Héctor! Bonito donde los haya bonitos. Pero continuemos, todos los robots anhelan la capacidad de poder sentir, si no pregúntenselo a Wall-e, de la estupenda Wall-e (2008). O a aquel robot-casa de la recomendable y escalofriante Engendro mecánico (1977), que incluso quería tener descendencia. Pero Saturno 3 se valía de la novedad, pues nunca habíamos visto un robot tan mecánico en acción, la animación por stop-motion de la destrucción de Terminator (1984) aún estaba por venir. Saturn 3 tiene momentos interesantes, goza de algunos logrados ingredientes de la ciencia ficción: en el futuro tomaremos pastillas para sentir emociones fantásticas, haremos viajes interplanetarios, temeremos a los científicos chiflados capaces de generar inteligencia artificial destructora y dominante, tendremos que buscar en el espacio otros planetas que contengan los recursos que hemos dilapidado en la Tierra...

Fotografía de la actriz Farrah Fawcett
Hablaré ahora de las impresiones que tengo de los actores protagonistas de Saturno 3. La bella Farrah Fawcett no tuvo una buena acogida en el cine, venía de la televisión, donde era toda una estrella, y no pudo hacerse un hueco a su medida en el séptimo arte. Es de esos descalabros artísticos que nunca he entendido, ya que podía ser una estupenda partenaire. La considero una artista malograda. Descanse en paz, tras su reciente muerte.

Kirk Douglas es siempre Kirk Douglas, es El ídolo de barro (1949), es Ulises (1954), es Espartaco (1960), es el marinero de 20000 leguas de viaje submarino (1954), es el coronel Dax de Senderos de gloria (1957)… Un actor inmortal, para la posteridad. Contaba con 64 años de edad cuando realizó Saturno 3.

Harvey Keitel es un actor redescubierto en Reservoir dogs (1992) y Pulp fiction (1994), que sufrió un revés en su carrera al ser sustituido en Apocalypse now (1976) por Martin Sheen, algo que le resultó humillante. En la película construye un odioso antagonista para el héroe. Realiza una interpretación efectiva.

Yo veo a Saturno 3 como un thriller futurista con dos buenos villanos, uno humano y el otro androide, con un clímax interesante, al que me lleva una de las preguntas que me hace la película: ¿cuánto puede durar una relación de pareja con una diferencia de edad tan grande? No me resultaría extraño que, con el tiempo, tal vez alguien redescubra la cinta y se la empiece a considerar óptimamente, llegando a subir un escalafón y convirtiéndose en película de culto. No deje de visionarla si tiene ocasión.

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Observemos, por último, algunas imágenes icónicas del cine de ciencia ficción, valorando la enorme fuerza visual que tienen:

 Fotograma de la película Ultimátum a la Tierra (1951)

Cartel promocional de la película Planeta prohibido (1956)

Fotograma de la película 2001: una odisea espacial (1968)

 Diferencias entre las naves espaciales de Galáctica (1978) y Galáctica (2004)

Imagen digital del personaje Wall-e

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miércoles, 27 de abril de 2011

Fahrenheit 451 (1966)

Extracto de la película Fahrenheit 451 (1966)
Este es el resultado que tuvo la unión de dos elogiables genios: el escritor Ray Bradbury y el director cinematográfico François Truffaut.
Ray Bradbury es un autor autodidacta, no fue a la universidad, se limitó a leer libros por su cuenta, teniendo un comienzo increíble en el mundo de la literatura con su primera y recomendable obra: Crónicas marcianas (1950), historias que disfruté con especial interés por ver transportada mi imaginación hacia un mundo completamente diferente; los relatos están narrados de una forma única y enigmática. Para este Fahrenheit 451, que escribió en 1953, ya Bradbury tenía para sí el favor de una gran cantidad de lectores. La historia es proverbial, en una sociedad distópica (que no es ideal) en la que los dirigentes procuran la distracción controlada de las personas sin permitirles leer libros, tan sólo haciéndoles partícipes de "la familia", un teatro televisado en el que pueden interactuar, existe para el exterminio de los libros una brigada especial de bomberos implacables. El protagonista de esta novela es uno de ellos, pero él tiene inquietudes, quiere conocer la verdad.
François Truffaut fue otro autodidacta, pero su caso fue el de convertirse primero en crítico cinematográfico y después en director de cine. En 1958 despuntó con una obra maestra: Los cuatrocientos golpes, eran los principios de la Nouvelle Vague (nueva ola, libertad técnica contra los corsés de las estructuras impuestas por el cine del momento). Truffaut fue un lector apasionado y muchas de sus películas están basadas en títulos que le atraían, así como también escribió muchos guiones originales, como el de la estupenda Al final de la escapada (1960), junto a su amigo Jean-Luc Godard.
El largometraje Fahrenheit 451 (1966) nos sacude la conciencia. Su historia va del intimismo del propio personaje a lo universal de sus sentimientos. Desde el comienzo denuncia, observen las antenas de televisión, sustituyen a las letras del reparto, son los colores de la televisión: verde, azul y rojo. Olvídense de considerar la estética de la cinta, ¿con qué la comparamos? Son inútiles estas desazones que nos deja la moda con el transcurrir del tiempo. La obra incluye en dos formas a la actriz más bella que ha pisado un plató de cine: Julie Christie, como esposa de Montag, una mujer alienada de cabellera larga, y como maestra, amiga de Montag, lectora de libros, de cabellos cortos.

Fotografía de la actriz Julie Christie

No puedo olvidar mencionar al sensible actor austriaco Oskar Werner, que en su adolescencia padeciera la persecución nazi y que se convertiría luego en un gran actor teatral.

Fotografía de Oskar Werner para publicitar Fahrenheit 451 (1966)
Es curiosa la circunstancia de este largometraje británico, considerado ahora como una obra de arte, que en su estreno recibió una fría acogida por la crítica de la época, y que, incluso presentado a los premios Hugo Awards (para trabajos de ciencia ficción y fantasía), perdió ante un episodio televisivo de la serie Star Trek, The menagerie. La crítica, como muchas veces, comete el error de detestar lo contemporáneo.
Destaco también la música de Bernard Herrmann, que, como decía Trufaut, era un artista del siglo XXI (que vivió en el siglo XX), sus composiciones para Vertigo (1958), Con la muerte en los talones (1959), Psicosis (1960), son algunos de sus meritorios trabajos.

Nota personal sin ambages: corra, corra a comprar el libro. Elíjalo a él o a otro de su gusto, y memorícelo, apréndalo de principio a fin, que nadie pueda robárselo o quemarlo mientras viva.

Ray Bradbury fallecía el 5 de Junio de 2012. Descanse en paz.

Crítica cinematográfica de la película Fahrenheit 451 (1966) por un ente de ficción


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Jorge Volpi

Jorge Volpi es un escritor y ensayista mejicano, poseedor de un discurso inteligente y bien estructurado. Me he sentido atraído por su obra tras verle disertar en el programa literario Nostromo de RTVE. En él dialoga sobre lo literario y lo político, y después, junto con tres escritores y profesionales de la televisión española, se une a un debate sobre la literatura y la televisión. Dejo la página donde pueden disfrutar de este programa, de bien público, que seguro les entretendrá:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/nostromo/nostromo-jorge-volpi-literatura-y-tv/1085096/

De Jorge Volpi puedo nombrar varias novelas en principio interesantes: El fin de la locura (2003), En busca de Klingsor (1999) y No será la Tierra (2006). Agradecería cualquier comentario referente al autor. Gracias.

domingo, 24 de abril de 2011

Dibujos animados en el cine

Extracto del mediometraje La leyenda de Sleepy Hollow (1949)
El arte del cine se nutre de imágenes en acción, naturales o creadas por el hombre. Con estas últimas nace la animación, los dibujos animados, que se adaptan en esta ocasión para captar algunos componentes del romanticismo clásico, una historia de ultratumba, la profundidad del oscuro bosque, la naturaleza y, en fin, el misterio de toda una leyenda.  La Leyenda de Sleepy Hollow, escrita por Washington Irving en 1820, fue adaptada al cine por la productora Walt Disney en 1949 con el título de The Adventures of Ichabod and Mr. Toad, pues incluía dos cortos: la leyenda propia del Jinete sin cabeza y la adaptación de otro libro: El viento en los sauces (escrito en 1908 por Kenneth Grahame). Elijo este corto de animación por lo bien conjugados que están en él unos componentes casi indispensables para el cine: la música (aquí con unas canciones tronchantes), los personajes (con un alma distinguida, diferente), imágenes portentosas (con un ejemplar uso de las sombras) y una historia atractiva.

Los largometrajes de dibujos animados usan de parecidos trucos a los del cine convencional para crear los ambientes requeridos: curiosos ángulos de cámara, un ritmo adecuado al momento, un fondo musical, distorsión de los colores como los filtros para la fotografía ordinaria... En estas películas realizadas por el método clásico de animación participan cientos de dibujantes, artistas y técnicos, tal es así que durante varios años se realizan de uno a dos millones de dibujos, según el metraje de la cinta, y se gastan varias toneladas de pintura, miles de lápices, cientos de pinceles y decenas de millones de dólares cuando la producción es de Walt Disney. Aunque desde hace unos años casi toda la animación se realiza exclusivamente con ayuda de ordenadores, a través de programas con motores específicos para los movimientos de personajes y fondos, nos quedan las obras maestras de artesanos de antaño, como por ejemplo: Los viajes de Gulliver (1939), de los estudios Fleischer (productores de  Popeye, Superman, Betty Boop...), para un disfrute entero cargado de emotividad.

Fotograma del mediometraje  La leyenda de Sleepy Hollow (1949)

Os animo a ver el corto completo de la historia de Ichabod Crane y el Jinete sin cabeza, y averiguar de qué forma termina este buen hombre sus días. Yo lo he podido ver en la televisión pública en dos ocasiones, siempre en navidades.
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¿El corazón como mediador entre la mano y el cerebro?

Extracto de la película Metropolis (1927)
Mano (trabajo), cerebro (razón) y corazón (sentimientos), conviven sin mucha armonía en nuestro interior. Pero ¿pretende nuestra sociedad eliminar alguno de estos elementos tan propios del ser humano? ¿Tal vez los sentimientos? ¿La razón? Para el Fritz Lang de Metropolis (1927), el corazón habría de convertirse en propicio mediador entre la mano y el cerebro, aunque años después confesara que esta idea era falsa, un cuento de hadas. En esta fábula que imaginó junto a su esposa, Thea Von Harbou, colocó a los personajes principales como representantes de cada uno de estos elementos: mano, cerebro y corazón. Al ver la película los descubriréis con facilidad. Observad si no estas secuencias de su obra:

Extracto de la película Metropolis (1927)
De Metropolis se escriben libros, tan extensa es esta fuente. Yo sólo pretendo incitar a verla, a comentarla, a preocuparnos de cómo podemos evitar esta distopía, esta sociedad tan poco ideal, tan manipulada, a la que nos abocamos. Tiene la cinta un mensaje político-social, casi mesiánico, sobre la colaboración que se ha de producir entre las clases sociales, y es este, en realidad, un discurso eterno, escuchemos si no las arengas de los presidentes de las naciones sobre cómo salir de esta gran crisis económica en que estamos sumergidos. ¿Es buena esta colaboración entre clases?

La obra es expresionista, creada en Alemania; por expresionismo entendemos el arte en que se da más importancia a las propiedades y expresiones de los sentimientos que a la realidad y su descripción con verosimilitud. ¿Complicado? No, echemos un vistazo al cuadro El grito, que Edvard Munch pintó en 1893.


Recordemos que antes de venir el cine sonoro las salas contaban con un piano o una pianola, con partituras especiales adaptadas a las emociones que transmitían las escenas; en el caso de Metropolis era una orquesta completa, con una partitura original, la que tocaba en los grandes teatros.
Recordemos igualmente que el maquillaje exagerado de los primeros años del cine tiene su explicación en la poca sensibilidad de la película para captar la luz y porque los actores tenían que expresar todo con su rostro al no poder oírse sus voces.

Comparemos los significados que se pueden extraer de estos distintos carteles originales de la película Metropolis (1927):



Tal vez la sinopsis de la obra os anime a querer verla y disfrutarla:
"En una gran ciudad del año 2026, los obreros viven recluidos en un gueto subterráneo, que a la vez es el mismo corazón industrial de su mundo. Incitados por un robot con forma de mujer, se rebelan contra la clase intelectual que detenta el poder y amenazan con destruir la ciudad exterior. Freder, el hijo del soberano de Metrópolis, y María, una muchacha de origen humilde, intentarán evitar la destrucción apelando a los sentimientos y al amor".

Me agradaría mucho conocer vuestras valoraciones de la película, ¿qué impresiones tenéis tras verla?

* Añadido años después (23/10/19). La idea de que las máquinas llegarán a alimentarse de nosotros está en Metrópolis (1927) y ha llegado a nuestros días en películas como The Matrix (1999).

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Ken Follet y su concepto de mucho dinero

Retrato del escritor Ken Follet, todo un privilegiado

Decía Ken Follet, escritor de bestsellers tales como La clave está en Rebeca, Los pilares de la Tierra, Un mundo sin fin..., que el autor no cobra tanto dinero por ceder sus derechos al cine para la adaptación de sus historias. Hablaba de que dependía de lo que uno tomara por mucho dinero, y luego, con una sonrisa algo displicente y muy desdeñosa, añadía: "...de medio millón a un millón de dólares".

Recuerdo que la mayoría de grandes autores literarios murieron en la pobreza o con muy pocos recursos económicos, Cervantes, por ejemplo, fue enterrado en una fosa común, Galdós tenía numerosas deudas en sus últimos años de vida, Antonio Machado murió como un pobre refugiado, Dostoyevski vendía sus novelas por cantidades exiguas, las hermanas Brontë recibían un estipendio que daba tan sólo para subsistir...

Tal vez, Ken Follet se refiera a que, en comparación con los beneficios que obtiene su editorial o la industria cinematográfica al explotar sus historias (cantidad muchísimo mayor a la que él recibe por derechos de autor), la que le queda a él es una suma insignificante; pero, en un mundo donde las tres cuartas partes de los humanos viven en la pobreza, decir que un millón de dólares no es mucho dinero, ¡el sueldo de 80 años de trabajo para un obrero cualquiera! ¿No está suficientemente pagada su historia? ¡Lo está! ¡Por los dioses que lo está! ¡Una historia desea entretener, no enriquecer a su creador!

Ken Follet no engaña, esa es su realidad, un millón de dólares no es mucho dinero para él. Lamentable.

 

viernes, 22 de abril de 2011

¿Qué hubiera pasado si...?

Extracto de la película Star Trek VII: la próxima generación (1994)
El Cine puede contestarnos a esta pregunta, y lo hace con imágenes en movimiento, con todo el esplendor posible de este arte tan completo. Es una ilusión, nos muestra una escena idílica, pero ¿no son los sueños idilios casi imposibles? ¿no es cierta y necesaria nuestra capacidad de fabular?

¿Cómo hubiera sido la familia que yo pude crear? En Star Trek VII (1994), el capitán Picard de la nave Enterprise tiene el extraordinario lance de vivir la respuesta a esa pregunta.

Cartel publicitario de la película Star Trek VII: la próxima generación (1994)

Star Trek es una serie de ciencia ficción que goza de la enorme suerte de poder abrir los guiones de sus aventuras hacia cualquier género, tantos como planetas imaginamos existan en el universo.

Las aventuras de Star Trek recuerdan a las novelas de los exploradores, corsarios o aventureros en general, que escribieran Julio Verne (La esfinge de los hielos), Emilio Salgari (La reina de los caribes) e incluso Edgar Allan Poe (en su única y desconcertante novela La narración de Arthur Gordon Pym).

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martes, 19 de abril de 2011

El miedo en el Cine - La casa encantada (1963)

Extracto de la película La casa encantada (1963)
El propósito de este blog es el de hablar de los sentimientos que transmite el Cine, el séptimo arte, sin embargo, no había tocado el género de terror; es por eso que hoy tendré miramientos hacia La casa encantada (1963), dirigida por Robert Wise, autor, entre otras, de La amenaza de Andrómeda (1971), Ultimatum a la Tierra (1951), Star trek (1978)..., y que comenzara en el cine con el oficio de montador, un trabajo prodigioso el suyo fue el de Ciudadano Kaye (1951), de Orson Welles. 

El cine de horror, en la actualidad y desde hace una veintena de años o más, es casi exclusivamente productor de asco, nada más, no inquieta, no perturba, no sacude, se limita a enseñarlo todo, cualquier pesadilla que tuviera el guionista se descubre en pantalla con todo detalle, sin dejar que el espectador participe con su imaginación, convirtiéndole así en un mero muñeco dummy, sin capacidad para sentir. Pero hubo un tiempo en el que las sombras de la gran pantalla dejaban volar la imaginación del espectador. Aquí entra la británica The haunting (1963), basada en la novela "The Haunting of Hill House", escrita en 1959 por Shirley Jackson. En realidad, asusta más la penumbra que la oscuridad absoluta, con la última podemos dormir, con la primera nos dedicamos a imaginar qué formas hacen las sombras, con la inquietud que esto conlleva. 

Observemos en el extracto que he realizado de la película cómo la cámara se coloca a la altura de la vista que tendría un niño, recordemos aquellos miedos infantiles que teníamos sobre el más allá, los fantasmas y lo sobrenatural, podemos, pues, sentir que estamos allí, pero lo hacemos como niños, dispuestos a sentir miedo. 

Dice el cartel original de la película: "Puede que no creas en los fantasmas, pero no puedes negar el terror". Bueno, en la escala del miedo subiremos unos peldaños viendo esta película, y más, si apagamos las luces, la vemos en silencio, con ojos atentos...

Fotograma de la película La casa encantada (1963)
La actriz Julie Harris, dama de teatro, realiza un estupendo trabajo moldeando su rostro de chica débil y enfermiza para mejor inquietarnos en esta cinta de terror psicológico.
 
Existe una nueva versión de la película, The haunting (1999), La guarida, en España. Es pasable, entretiene, pero no asusta, los efectos especiales tienen demasiado protagonismo, no deja nada a la imaginación.

Nota personal:
No se olvide el director moderno que el espectador de cine, como el lector de libros o el admirador de cuadros, necesita usar la imaginación para sentirse partícipe de la obra, para disfrutarla mejor; no es bueno que se muestre todo en pantalla, han de dejarse partes para el alma del espectador, para que las aliñe en su caverna.


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Recomiendo:



Aprende Inglés con Ente Nivola
Visita mi cuaderno para estudiar inglés en el Bachillerato:
Te ayudará a sacar mejores notas en la asignatura de inglés

Algunas reseñas literarias:

La Odisea, atribuida a Homero:

Vamos a estudiar hoy una de las obras literarias históricamente preferidas por muchos: La Odisea, atribuida convencionalmente a Homero. Se trata de un gran poema épico griego que se estima tiene ya unos 2700 años de antigüedad.


Edipo Rey, de Sófocles:

Esquilo (siglos VI y V a.C.), Sófocles y Eurípides (los dos, siglo V a.C.) son tres de los grandes en la escena teatral de la Antigua Grecia.


Satiricón, de Petronio:

Hoy vamos a estudiar juntos un poco de la que se tiene por muchos como primera novela moderna de Occidente: Satiricón.


Cantar de Mío Cid:

El gran poema épico de los castellanos tiene muchos estudios a sus espaldas, muchos tratados y ensayos, muchos chavales lo han estudiado en las escuelas.


Divina Comedia, de Dante:

El gran poema que hoy estudiamos está escrito en tercetos endecasílabos. Su resumen parece sencillo: cuenta la epopeya del alma humana, su viaje a través del Infierno y del Purgatorio, desde donde accederá a la contemplación del Todopoderoso.


El paraíso perdido, de John Milton:

Voy a estudiar hoy algo del poema narrativo El paraíso perdido (1667), del escritor británico John Milton, y ustedes, si me lo permiten, están invitados.


Estas son las entradas más populares de mi cuaderno:

Razones por las que evitar los anuncios de algunas empresas de la Red:
1 - Algunos insultan a la inteligencia del lector. Me refiero a los que dicen que has ganado un premio por ser el visitante número 1.000.000. Triste, pero todavía hay publicistas que usan este tipo de ganchos.
2 - Ralentizan excesivamente la carga de un blog.
3 - Pagan a razón de unos pocos céntimos por miles de visitas. Todo trabajo debe ser remunerado justamente. Es mi deseo que, en el futuro, cualquiera que quiera anunciarse en un cuaderno de la Red deba pagar una cantidad justa a los creadores. Este abuso que existe hoy debería ser rechazado con rotundidad.

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