En el universo de Star Wars los soldados de
asalto (stormtroopers en el original) son un blanco perfecto. Apuntes hacia
donde apuntes, siempre les das. Si se mueven hacia la izquierda y tú disparas a
su derecha, ellos se moverán hacia el rayo láser para que éste les dé. ¿Alguien
en su sano juicio pondría a los stormtroopers a defender nación alguna? ¡Pero
si se los carga cualquiera!
La realización de
Rogue One: A Star Wars Story es excelente.
La historia está bien desarrollada y el montaje funciona como un buen reloj.
Todo en ella está en su sitio. Es una película comercial y, a pesar de ello, reúne
buenas cualidades cinematográficas. Todos los actores están más que correctos y
el director
Gareth Edwards se ha lucido.
Mi personaje favorito es Chirrut Îmwe (interpretado
por el maestro de artes marciales Donnie Yen). Lo es porque me recuerda
al viejo indio “Guardapellejos” del largometraje Pequeño gran hombre
(1971). En aquella película ese jefe indio estaba ciego y caminaba por el
poblado de su tribu mientras el séptimo de caballería de Custer masacraba a
mujeres y niños, lo curioso es que andaba diciendo que era invisible. En esta
historia de Star Wars el guerrero repite algo así como: “Soy uno con
la fuerza y la fuerza está conmigo” en una situación parecida a la del viejo indio. Este hombre no es un “Jedi”, es
solamente un guerrero muy hábil con las armas, a pesar de ser ciego. Además, lo
protege su buen amigo Baze Malbus (Wen Jiang) con una especie de
ametralladora láser.
En la película aparece el actor Forest Whitaker en un
pequeño papel de jefe rebelde que ha creado muchos problemas a la misma
Alianza. Whitaker es mucho Whitaker (léase esto saboreando la pronunciación de
este singular apellido).
Este largometraje no es infantil. Se trata de una historia algo
oscura. Nada más empezar, un rebelde mata a uno de los suyos para proteger los
intereses de su causa.
Para esta cinta se ha recreado la figura e imagen de los
actores Peter Cushing y Carrie Fisher usando la última tecnología
en programas informáticos. Las caras tienen hasta el último detalle, pero, a
pesar de ello, el ojo humano percibe que aquello no es tan humano, se nota en
un simple pestañear de sus ojos. El movimiento, ese les delata.
Viendo la complejidad de las escenas de los ataques de X-Wings
y todos esos objetos moviéndose en ciertas escenas, echo de menos aquella
simplicidad de las películas originales en las que podías disfrutar de todo lo
que estaba ocurriendo.
También gozamos con esta película de los paisajes de distintos planetas de este singular universo. El director de fotografía es Greig Fraser (Foxcatcher, 2014).
Durante la proyección, pude ver alguno que otro homenaje a películas como Apocalypse Now (1979).
Lo peor de esta experiencia es la mala costumbre de los cines
de poner el sonido a todo volumen. A la hora, me dolían los oídos.
También he de mencionar para los espectadores españoles que
la voz de Darth Vader en España (que era la del genial Constantino Romero)
es ahora la de otro actor, pues Romero falleció hace ya unos años. Han
intentado que se parezca usando filtros, pero como Romero, pocos.
A continuación, cuento momentos cruciales de la trama. Si no has visto
este filme, no sigas leyendo:
Lo mejor, casi sin dudarlo, es la secuencia final en que Darth
Vader se los va cargando a todos a lo largo de un pasillo. Ese momento es uno
de los pocos que me devolvieron a la infancia durante unos segundos, no por su
violencia, pues yo siempre los he visto como muñecos con los que juega un niño.
En el ataque final de los rebeldes para conseguir los planos de la Estrella de la Muerte vemos igualmente a dos de los pilotos de la
primera
Star Wars (1977). Increíble.
Vídeo en el que leo estos apuntes para una crítica de Rogue One: A Star Wars Story (2016)
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